Hay una serie de habilidades, como la responsabilidad o la empatía, que no entran en los currículos y que son fundamentales
SOCIEDAD. Aunque en innumerables ocasiones se suele utilizar el término gasto cuando nos referimos a la aplicación de recursos en el ámbito educativo, lo cierto y verdad es que es una inversión; de hecho una de las inversiones más importantes que debe plantearse una sociedad para definirse en su presente y en su futuro. Así como la renta o el Producto Interior Bruto permiten definir lo que una sociedad es en términos económicos, es la inversión en Educación la que define su futuro. El cortoplacismo instalado en la estrategia rentista de los partidos políticos ha tendido por obviar su naturaleza, pero no eso no altera la misma; simplemente despista al personal.
No obstante, a pesar de ello, desde hace unos años se comenzó a tomar conciencia de que como inversión debía ser evaluada en su rendimiento y por eso mismo se abordó su cuantificación. De igual manera que se calcula la rentabilidad de un activo, se han ido aplicando instrumentos económicos para medir la rentabilidad incluso social de la inversión en Educación. Una de las variables centrales para esta medida es el rendimiento académico.
Esto dio lugar al famoso informe PISA (Programme for International Student Assessment) un estudio internacional de evaluación educativa que se realiza cada 3 años, midiendo el rendimiento académico en competencias lectoras, matemáticas y científica.
Este informe permite comparar los sistemas educativos de los diferentes países lo que resulta útil para poder analizar las fuentes de las diferencias. Nos permite reflexionar por las causas de que Corea del Sur tenga los mejores registros del Informe PISA y porqué Argentina se encuentra entre los países cuyos estudiantes tienen el nivel más bajo en áreas como las matemática, ciencia y lectura. Desde el punto de vista científico esto tiene un gran valor como dato, si desde este resultado si a partir de llavan adelante investigaciones que permitan revertir esta situación.
Si bien los datos corroboran que el rendimiento académico en Argentina es pésimo y la OCDE, no es una dimensión suficiente para abordar el problema. El rendimiento no lo es todo. Una de las medidas en las que se fija la educación nacional es la tasa de abandono escolar prematuro. En nuestro país está en el 6.9 % por debajo de la media en sudamérida que se encuentra en torno al 11 %.
Este dato es muy relevante, pues aunque un país dispusiera de un sistema educativo perfecto, de nada serviría si el abandono prematuro fuera alto; significaría un alto rendimiento en los que sobreviven en el sistema educativo mientras que los que abandonan no se contabilizan. El sistema educativo podría tener un alto rendimiento de los insiders pero no estaría desarrollando sus funciones sociales de cohesión social ni de garantía de igualdad de oportunidades.
Por eso mismo, aunque las pruebas de diagnóstico y el informe PISA puedan ser un sistema interesante para evaluar sistemas educativos el enfoque de activo de inversión no colma la esencia de la propia Educación.
Por otra parte, en las últimas décadas ante las diferentes problemáticas diagnosticadas se han desarrollado políticas educativas orientadas a subsanar los déficits pero sin mucho éxito. Se han desarrollado programas basados en acumular conocimientos, en desarrollo de habilidad cognitivas como por ejemplo dotar de más horas de Matemáticas sin obtener mejoras significativas.
Hay estudios que apuntan que la base del problema se encuentra más allá del desarrollo de habilidades cognitivas, es decir acumulación de conocimientos. El punto central residiría en el desarrollo de aquellas habilidades que erróneamente se presuponen forjadas y que no lo están, las habilidades no cognitivas. Habilidades como la empatía, la responsabilidad, la perseverancia, la tolerancia, la apertura a la experiencia, la estabilidad emocional se revelan como las piedras sobre las que sustentar la formación posterior de un niño.
La investigación del premio Nobel James J. Heckman apunta a que, para mismos niveles de inteligencia, el desarrollo de las habilidades no cognitivas en la infancia es el primer determinante del desarrollo futuro de un estudiante mientras que la formación tardía para la mejora de resultados no es efectiva en el largo plazo.
Además, señala que aquellos niños que tienen un desarrollo temprano de estas habilidades suelen absorber muchos más conocimientos en el futuro. Según Heckman, invertir en un sistema educativo que trabaje estas habilidades no cognitivas en etapa infantil genera una de rentabilidad mayor que cualquier otro activo.
http://heckmanequation.org/content/resource/por-qu%C3%A9-es-importante-la-inversi%C3%B3n-en-la-temprana-edad
http://heckmanequation.org/content/resource/early-childhood-education-has-high-rate-return
Sería interesante profundizar en este enfoque. Tal vez, aunque hayamos intentado sobreponernos al cortoplacismo de la esfera de la vida política, estemos cayendo en el error de parchear el Sistema Educativo desde las habilidades cognitivas para obtener rendimientos cuantificables inmediatos como si fuera un activo de inversión más.
Invertir en nuestros hijos nos define como sociedad, define nuestro futuro así que, sin lugar a dudas, vale la pena que exploremos más allá de PISA, de las pruebas de diagnóstico y de las políticas educativas basadas en habilidades cognitivas para asentar las piedras angulares de la Educación de nuestros hijos.